Hay historias que parecen leyendas, pero que la naturaleza lleva repitiendo desde hace millones de años. Una de ellas es la de la anguila europea (Anguilla anguilla), un pez capaz de recorrer más de 5.000 kilómetros desde el corazón del océano Atlántico hasta las marismas de Doñana para completar una de las migraciones más fascinantes del reino animal.

Todo comienza en el remoto Mar de los Sargazos, una inmensa región oceánica situada al este de Florida y rodeada únicamente por corrientes marinas. Allí nacen las diminutas larvas de anguila, que durante meses viajan impulsadas por la Corriente del Golfo hasta alcanzar las costas europeas. Al llegar al litoral atlántico se transforman en las conocidas angulas, completamente transparentes, e inician entonces una nueva etapa remontando ríos, caños y esteros en busca del agua dulce.

Durante siglos, Doñana ofreció uno de los mejores refugios para esta especie. Las marismas, lucios, caños y arroyos del entorno de Almonte constituían un inmenso laberinto de aguas tranquilas donde las anguilas crecían durante años antes de emprender el viaje de regreso al océano para reproducirse. Su presencia era tan abundante que formó parte inseparable de la economía, la alimentación y las tradiciones de toda la comarca.

Uno de los lugares más emblemáticos de aquella época fue La Canariega, en El Rocío. Este histórico canal de pesquería llegó a ser uno de los principales puntos de captura de anguilas de la zona. Durante los grandes pasos migratorios, miles de ejemplares quedaban concentrados en sus aguas, permitiendo capturas de enorme importancia mediante redes y artes tradicionales.

La riqueza que generaba esta pesquería fue tal que llegó a establecerse un sistema de cobro o «peaje» sobre las capturas, reflejo del extraordinario valor económico que tenía este recurso para los habitantes de la comarca. La Canariega se convirtió así en un auténtico centro de actividad ligado a la pesca, dejando una profunda huella en la memoria colectiva de El Rocío.

Sin embargo, aquella abundancia pertenece hoy al pasado. La anguila europea atraviesa una situación crítica y está catalogada como especie en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La sobrepesca de la angula, la degradación de los hábitats acuáticos, la contaminación, los cambios climáticos y, especialmente, las grandes barreras construidas en los ríos —como la presa de Alcalá del Río en el Guadalquivir— han reducido drásticamente sus poblaciones al dificultar unas migraciones que llevan millones de años realizándose.

Aun así, Doñana continúa siendo uno de los refugios más importantes para los últimos ejemplares que sobreviven en el suroeste de Europa. Recuperar los caudales naturales, mejorar la conectividad de los cursos de agua y conservar los ecosistemas acuáticos resulta fundamental para garantizar el futuro de una especie cuya historia está íntimamente ligada a la del propio territorio.

La anguila sigue llegando cada año desde el otro lado del Atlántico. Lo hace en silencio, guiada por un instinto que la ciencia aún no ha conseguido descifrar por completo. Su viaje recuerda que, mucho antes de que existieran carreteras o fronteras, ya había seres vivos capaces de atravesar océanos para encontrar en las marismas de Doñana el lugar donde crecer. Y también que proteger ese patrimonio natural significa conservar una parte esencial de la historia de El Rocío y de todo Almonte.