La visita de San Juan Pablo II a la aldea almonteña, el 14 de junio de 1993, marcó un antes y un después para la devoción rociera y dejó una huella imborrable en la historia de Almonte, Huelva y Andalucía.

EL ROCÍO. Hoy se cumplen 33 años de una de las jornadas más trascendentales de la historia de Almonte y de la devoción a la Virgen del Rocío. El 14 de junio de 1993, San Juan Pablo II visitó la aldea rociera, convirtiéndose en el primer Pontífice que pisaba las arenas de El Rocío y rezaba ante la Blanca Paloma. Un acontecimiento que la propia Hermandad Matriz sigue recordando como uno de los hitos más importantes de su historia.  

La llegada del Santo Padre, en el marco de su viaje apostólico a Huelva con motivo del V Centenario de la Evangelización de América, congregó a miles de personas en la aldea. Tras aterrizar en helicóptero, fue recibido a las puertas del Santuario por las autoridades civiles y religiosas de la época, entre ellas el entonces párroco y capellán del Santuario, Diego Capado, el alcalde de Almonte, Francisco Bella, y el presidente de la Hermandad Matriz, Ángel Díaz de la Serna.

Más de tres décadas después, la imagen de San Juan Pablo II arrodillado ante la Virgen del Rocío sigue siendo uno de los recuerdos más emocionantes de la historia reciente de Andalucía. La Hermandad Matriz ha señalado en numerosas ocasiones que aquella visita contribuyó decisivamente a universalizar la devoción rociera y a proyectar El Rocío al mundo católico.  

La jornada culminó con un mensaje que quedó grabado para siempre en la memoria colectiva de los rocieros. Desde la explanada del Santuario, el Pontífice pronunció una frase que ha pasado a la historia: «¡Que todo el mundo sea rociero!», unas palabras que todavía hoy siguen identificando aquel histórico encuentro entre el Papa y el pueblo rociero.  

En este aniversario, la Hermandad Matriz de Almonte ha vuelto a recordar la efeméride a través de sus redes sociales, destacando la importancia de una visita que sigue siendo considerada el acontecimiento más relevante de la historia de la devoción rociera.  

Treinta y tres años después, Almonte, El Rocío y toda la provincia de Huelva continúan mirando con orgullo aquella fecha que quedó marcada para siempre en la historia de la fe, la cultura y las tradiciones de Andalucía.