La ubicación planteada para la futura depuradora de Matalascañas suma importantes objeciones relacionadas con la salud pública. La documentación oficial publicada en el Boletín Oficial del Estado recoge las advertencias realizadas por la Dirección General de Salud Pública y Ordenación Farmacéutica de la Junta de Andalucía sobre el proyecto promovido por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.

La nueva EDAR se proyecta en una parcela anexa a la depuradora actual, en pleno entorno urbano de Matalascañas. El propio documento señala que estaría situada a solo 15 metros de viviendas y junto a zonas de ocio y uso público como el paseo marítimo, circunstancia por la que se plantea una instalación totalmente confinada y semienterrada. 

Uno de los aspectos que más preocupa a Salud Pública son los malos olores y sus posibles consecuencias sobre la población. El informe señala que el promotor no aporta un estudio de modelización de la dispersión de olores y que la documentación presentada tampoco permite comprobar suficientemente que el sistema de desodorización previsto pueda evitar este impacto. 

De hecho, la documentación recoge que el propio promotor reconoce que los malos olores producidos por la nueva EDAR podrían generar situaciones desagradables y que una exposición continuada podría llegar a afectar negativamente a la salud de vecinos y trabajadores de la depuradora. 


La conclusión de la Dirección General de Salud Pública es especialmente significativa: con la información aportada no puede afirmarse que no vayan a producirse impactos negativos sobre la salud de la población. El organismo reclama más información sobre la población afectada, el entorno y el funcionamiento del sistema previsto para evitar los efectos derivados de los malos olores. También considera necesaria la consulta y participación ciudadana para identificar los riesgos percibidos por los propios vecinos. 

Las dudas no se limitan a la salud. El informe ambiental también recoge problemas relacionados con la ubicación y dimensionamiento del proyecto. La nueva EDAR ocuparía aproximadamente 10.200 metros cuadrados, seguiría utilizando el actual emisario submarino y se situaría en un entorno especialmente sensible por su proximidad a Doñana. 

Todo ello llevó finalmente a la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica a determinar en marzo de 2024 que el proyecto debía someterse a una evaluación de impacto ambiental ordinaria, al considerar que con la documentación aportada no podían descartarse efectos significativos sobre el medio ambiente. 

El documento cobra ahora especial relevancia ante el debate abierto sobre la ubicación definitiva de la nueva depuradora de Matalascañas y las alternativas para alejar esta infraestructura del frente litoral.

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