Detrás de los arcos que engalanan las calles de Almonte para recibir a la Virgen del Rocío hay meses de trabajo, dedicación y muchas manos que mantienen viva una tradición transmitida de generación en generación. Entre ellas están las de Manuel Coronel Bejarano, conocido popularmente como “Manolito el de la Patrona”, vinculado desde hace toda una vida al arco de Las Yeguas, también conocido como el arco de la Puerta de Florencia.

A sus 84 años, Manuel continúa participando con la misma dedicación en los preparativos de este emblemático punto del recorrido. Su trabajo está especialmente ligado a dos de los elementos más reconocibles que coronan el arco: la corona y la pamela de la Virgen, piezas que él mismo elabora artesanalmente y que se han convertido con el paso de los años en una de sus señas de identidad.

Su elaboración requiere paciencia, precisión y numerosas horas de trabajo. Durante meses, Manuel va dando forma a cada detalle siguiendo una manera de hacer que conoce bien y que forma parte de una tradición que Almonte conserva cada vez que se prepara para la llegada de su Patrona.

La historia de “Manolito el de la Patrona” es también la de tantas personas que trabajan de manera desinteresada en los distintos arcos y exornos del recorrido. Vecinos que dedican su tiempo y sus conocimientos a transformar las calles y que hacen posible que esta expresión artística y devocional continúe pasando de unas generaciones a otras.

En esta nueva Venida, Manuel ha vuelto a ponerse manos a la obra. La corona y la pamela volverán a ocupar su lugar en el arco de Las Yeguas como lo han hecho durante años, llevando detrás muchas horas de dedicación y el trabajo de unas manos que conocen perfectamente cada uno de sus detalles.

Manuel Coronel Bejarano representa esa forma silenciosa y constante de contribuir a una de las tradiciones más arraigadas de Almonte. A sus 84 años, “Manolito el de la Patrona” continúa haciendo lo que lleva haciendo toda una vida: aportar sus manos, su experiencia y su cariño para que todo esté preparado cuando la Virgen vuelva a encontrarse con su pueblo.