Almonte
La cal vuelve a anunciar a la Pastora: Almonte viste de blanco el Camino de los Llanos
Decenas de almonteños han participado hoy en el tradicional blanqueo de los pinos, una de las costumbres más entrañables que anuncian la cercanía de la Venida de la Virgen del Rocío.
Doñana Actual
Hay días en los que Almonte empieza a latir de una manera distinta. No hacen falta cohetes ni campanas. Basta el olor de la cal recién preparada, el sonido de las brochas sobre la corteza de los pinos y el ir y venir de vecinos por el Camino de los Llanos para comprender que la Pastora está cada vez más cerca. Hoy, el pueblo ha vuelto a cumplir con una de las tradiciones más queridas de cuantas preceden a la Venida de la Virgen del Rocío: vestir de blanco los pinos que la acompañarán en su caminar hasta Almonte.

Desde primera hora de la mañana, decenas de vecinos, de todas las edades, se han reunido para mantener viva una costumbre que forma parte de la identidad del pueblo. Cubo en mano y con la brocha cargada de cal, han ido devolviendo a los troncos ese blanco inconfundible que, cada siete años, transforma el Camino de los Llanos en un sendero de luz. No es solo una tarea de preparación; es una forma de decirle a la Virgen que todo está dispuesto para recibirla de nuevo en su casa.
Contemplar hoy el camino es recordar inevitablemente las pinturas del maestro Arriola, que supo inmortalizar como nadie la belleza de este paisaje único. El blanco intenso de la cal, el verde profundo de los pinos y la arena dorada vuelven a componer esa estampa que parece detenida en el tiempo y que solo puede encontrarse en Almonte. Un paisaje donde naturaleza, tradición y devoción se funden para anunciar que la espera entra en su recta final.
Cada pino blanqueado guarda también la memoria de quienes hicieron esta misma labor muchos años atrás. Padres, abuelos y bisabuelos que enseñaron que preparar el camino de la Virgen es también una forma de rezar. Por eso, más allá del valor estético, esta jornada representa uno de los actos más sencillos y, al mismo tiempo, más emocionantes de cuantos rodean la Venida. Porque el camino no solo se limpia o se pinta: se prepara con el cariño de todo un pueblo.
Desde hoy, el Camino de los Llanos vuelve a lucir el blanco que lo hace inconfundible. Y para cualquier almonteño esa es la señal más clara de que ya no queda tanto. La Pastora está cada día un poco más cerca y Almonte, una vez más, ya ha empezado a preparar el abrazo con el que volverá a recibir a su Madre.