Hay elementos de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción que pasan desapercibidos para muchos, pero que forman parte de la identidad visual y espiritual de Almonte desde hace siglos. Entre ellos destacan sus elegantes linternas, esas pequeñas cúpulas blancas que coronan el templo y que, además de embellecer su silueta, permiten que la luz natural inunde el interior de la iglesia. En estos días, a las puertas de la Venida de la Virgen del Rocío, han recuperado todo su esplendor gracias a los trabajos de pintura y mantenimiento realizados para recibir a la Patrona.

La actual fisonomía de la parroquia es el resultado de sucesivas ampliaciones y reformas realizadas entre los siglos XVII y XVIII sobre un primitivo templo gótico-mudéjar del siglo XV. Arquitectos como Diego Antonio Díaz, y posteriormente Pedro de Silva y Antonio Matías de Figueroa, contribuyeron a definir la imagen barroca que hoy caracteriza al edificio, especialmente tras las importantes reparaciones acometidas después del terremoto de Lisboa de 1755. Fue entonces cuando las linternas adquirieron el protagonismo que todavía conservan, integrándose con armonía en el perfil del templo.
Desde el punto de vista arquitectónico, estas linternas cumplen una doble función. Por un lado, actúan como lucernarios, permitiendo la entrada de luz cenital que ilumina el crucero, las bóvedas y los retablos, creando ese ambiente de recogimiento y solemnidad tan característico del barroco andaluz. Por otro, aportan un gran valor estético al conjunto, rompiendo la horizontalidad de las cubiertas con sus perfiles curvos y su inconfundible color blanco, conseguido gracias al tradicional revestimiento de cal que ha protegido durante siglos tantos edificios de Andalucía.
Ahora, completamente renovadas, vuelven a destacar sobre el cielo de Almonte como auténticos faros de fe. Su blancura reluce anunciando que la espera se acorta y que la parroquia se prepara para uno de los momentos más emocionantes que vive el pueblo cada siete años. Cuando la Virgen del Rocío cruce el umbral de la Asunción para permanecer durante nueve meses junto a sus hijos, estas linternas volverán a cumplir la misión para la que fueron concebidas: dejar que la luz del cielo acompañe a la Blanca Paloma en su casa de Almonte.