MATASCAÑAS.- Cuesta imaginar hoy una Matalascañas sin su paseo marítimo, sus urbanizaciones, sus hoteles, sus comercios o las miles de familias que cada verano encuentran aquí su lugar junto al Atlántico. Sin embargo, hace poco más de medio siglo, este rincón del litoral almonteño presentaba una realidad completamente diferente.

La antigua Torre de la Higuera, cuyos restos continúan emergiendo del mar como el gran símbolo de la playa, fue durante mucho tiempo una de las escasas referencias de un extenso territorio dominado por dunas, pinares y el océano.

El gran cambio comenzó a tomar forma durante la década de los sesenta, cuando comenzaron a plantearse los proyectos destinados al desarrollo turístico de esta parte de la costa perteneciente al término municipal de Almonte.

El impulso institucional y la llegada de la inversión privada fueron configurando un proyecto llamado a transformar no solamente el litoral, sino también buena parte de la realidad económica y social del municipio.

Uno de los momentos fundamentales de aquella historia llegó en 1969, con la declaración de la zona como Centro de Interés Turístico Nacional. Aquel reconocimiento proporcionó el marco para el desarrollo de la nueva urbanización turística y aceleró una transformación que se haría especialmente visible durante los últimos años de los sesenta y los primeros de la década de los setenta.

Llegaron las primeras grandes infraestructuras, hoteles, viviendas y avenidas. Y con ellas comenzaron a llegar también generaciones de familias procedentes fundamentalmente de distintos puntos de Andalucía que encontraron en Matalascañas una nueva forma de disfrutar del verano.

La playa empezó entonces a cambiar también la economía de Almonte. Al tradicional peso de la agricultura y otras actividades vinculadas al territorio comenzó a sumarse con fuerza el turismo, acompañado por nuevos negocios, establecimientos hosteleros, construcción, servicios y empleo.

Más de medio siglo después, aquella apuesta inicial ha dado lugar a uno de los enclaves turísticos más reconocibles de la provincia de Huelva.

Matalascañas ha cambiado profundamente desde aquellos primeros años y continúa haciéndolo. Pero hay una imagen que ha permanecido prácticamente inalterable y que conecta aquella playa casi virgen con la actual: la Torre de la Higuera emergiendo frente a la orilla.

El conocido popularmente como “Tapón” se ha convertido con el paso de las décadas en mucho más que los restos de una antigua torre almenara. Es la imagen de Matalascañas, protagonista de millones de fotografías y testigo privilegiado de la transformación experimentada por este rincón del término municipal de Almonte.

Cada final de verano, cuando la playa recupera poco a poco otro ritmo después de los meses de mayor afluencia, Matalascañas vuelve también la mirada hacia su propia historia.

Han pasado más de cinco décadas desde aquel impulso que comenzó a transformar este litoral. Lo que entonces era un ambicioso proyecto turístico es hoy el lugar al que regresan cada año miles de familias y una pieza fundamental de la economía, el turismo y la identidad del municipio de Almonte.

Y frente a todos esos cambios continúa la misma torre, mirando al Atlántico y recordando cómo comenzó la historia de la Matalascañas que conocemos hoy.