Matalascañas
Contenedores vacíos, vasos llenos
Matalascañas vuelve a sufrir cada fin de semana el impacto de comportamientos incívicos que encarecen la limpieza y deterioran la imagen del núcleo costero pese al refuerzo de los servicios durante la temporada alta
Doñana Actual
MATALASCAÑAS. Hay imágenes que valen más que cualquier estadística. Vasos de cerveza abandonados sobre contenedores vacíos, bolsas de basura tiradas en el suelo, muebles junto a las islas de reciclaje, restos de poda, sillas de playa rotas y todo tipo de enseres esparcidos por calles, aparcamientos y espacios públicos.
La escena se repite prácticamente cada lunes en Matalascañas. Y lo hace con un detalle que llama especialmente la atención: en numerosos casos los contenedores cuentan con espacio suficiente para recibir esos residuos. No están desbordados. No faltan. Simplemente, una parte de quienes disfrutan del núcleo costero decide no utilizarlos correctamente.

Los aparcamientos de supermercados y las zonas de mayor afluencia se han convertido en algunos de los puntos donde más se aprecia este problema. Vasos de cerveza colocados sobre las tapas de los contenedores, residuos abandonados a escasos metros de los puntos de recogida y enseres depositados fuera de los lugares habilitados forman parte ya de una estampa habitual durante los meses de verano.

Todo ello ocurre mientras los servicios de limpieza afrontan una de las épocas más exigentes del año. La llegada masiva de visitantes obliga a reforzar la recogida de residuos y a incrementar los recursos destinados al mantenimiento de la vía pública para mantener en condiciones uno de los principales destinos turísticos de la provincia.
Sin embargo, existe una realidad difícil de combatir únicamente con más personal, más maquinaria o más horas de trabajo. Porque cuando la basura aparece en el suelo junto a un contenedor vacío, el problema deja de ser una cuestión de medios para convertirse en una cuestión de comportamiento.
Detrás de cada residuo abandonado existe además un coste económico que acaba repercutiendo sobre toda la ciudadanía. Cada actuación extraordinaria, cada desplazamiento adicional y cada jornada destinada a recoger residuos depositados incorrectamente supone recursos públicos que podrían emplearse en otros servicios o mejoras para el municipio.

La contradicción resulta evidente. Mientras muchos reclaman más limpieza durante el verano, una minoría sigue contribuyendo con sus actos a generar precisamente el problema que después se denuncia. Una situación que provoca malestar entre numerosos vecinos, que observan cómo cada semana se destinan esfuerzos y recursos a corregir conductas que deberían resolverse con algo mucho más sencillo: respeto por el entorno y por quienes trabajan para mantenerlo.
Porque mantener limpia Matalascañas no depende únicamente de quienes recogen la basura. También depende de quienes la generan. Y, a juzgar por las imágenes que dejan algunos fines de semana, todavía queda mucho por recoger fuera de los contenedores y mucho por aprender dentro de ellos.