La prolongación excepcional hasta el jueves reabre el interés por la evolución histórica de una celebración cuyas fechas y duración han cambiado en numerosas ocasiones desde el siglo XVII.
La Romería del Rocío de 2026 ha pasado ya a la historia como una de las más singulares jamás celebradas. La decisión de prolongar la estancia de las hermandades en la aldea hasta el jueves de la semana posterior a Pentecostés ha convertido esta edición en una de las más extensas de las que se tiene constancia, alterando un modelo organizativo que parecía inamovible desde hace generaciones.
Sin embargo, aunque la medida adoptada este año tiene carácter excepcional, la historia demuestra que las fechas, la duración e incluso el propio concepto de la romería han experimentado importantes transformaciones a lo largo de casi cuatro siglos.

Tras la proclamación del patronazgo de la Virgen de las Rocinas sobre la villa de Almonte en 1653, las primeras celebraciones no se desarrollaban en Pentecostés. Las actas históricas reflejan que la fiesta principal tenía lugar en septiembre, coincidiendo con la festividad del Dulce Nombre de María, celebrada entonces el 17 de septiembre, aunque en determinadas ocasiones podía trasladarse al mes de noviembre dependiendo de la disponibilidad de predicadores y de las circunstancias de cada año.

Fue en 1670 cuando las actas capitulares documentaron un cambio trascendental. La fiesta principal pasó a celebrarse en la Pascua del Espíritu Santo, es decir, en Pentecostés, una decisión que buscaba favorecer la asistencia de fieles procedentes no sólo del entorno inmediato de Almonte, sino también de ciudades como Sevilla o Sanlúcar de Barrameda.
Aquella romería poco tenía que ver con la actual. La denominada Fiesta de Nuestra Señora de las Rocinas comenzaba el domingo por la tarde y concluía en la mañana del lunes, tras la procesión de la imagen. En la práctica, la celebración apenas se prolongaba durante un día.

La consolidación de un modelo más amplio llegó en 1772. Una Real Cédula otorgó oficialmente una feria franca de cuatro días, comprendida entre el sábado víspera de Pentecostés y el martes posterior. Aquella disposición terminó configurando la estructura temporal que, con diferentes matices, se mantendría durante siglos y que acabaría identificándose como la duración tradicional de la romería.
A pesar de ello, el crecimiento constante de la devoción rociera obligó a introducir modificaciones organizativas. En 1980, la Hermandad Matriz de Almonte adelantó su salida hacia la aldea, pasando del jueves al miércoles previo a Pentecostés. Décadas más tarde, en 2013, el incremento del número de hermandades filiales llevó a ampliar las presentaciones oficiales al viernes, distribuyéndolas en dos jornadas para facilitar el desarrollo de los actos.

La prolongación extraordinaria de la Romería del Rocío de 2026 constituye, por tanto, un nuevo episodio dentro de una larga historia de adaptaciones. Aunque las circunstancias que la han motivado son excepcionales, el análisis histórico demuestra que la principal celebración mariana de Andalucía nunca ha sido una realidad estática, sino una tradición viva que ha sabido ajustar sus tiempos y su organización a las necesidades de cada época.
Desde las primeras fiestas celebradas en septiembre en el siglo XVII hasta la inédita ampliación de siete días registrada en 2026, la historia del Rocío refleja la capacidad de una devoción centenaria para evolucionar sin perder su esencia.


